Mi vida desde otro punto... (Parte 2)

Tumbado sobre su cama, con el volumen de la música en sus walkman al tope y completamente perdido en la inmensidad de su pensamiento, Miguel se siente abandonado y sin ganas de vivir. Es sábado. Ya han ido al supermercado por la despensa, fue un poco tedioso tener que lidiar con su hermana Katia de 8 años, lo ha hecho salir de sus casillas. Fue difícil tener que decidir entre Corn Flakes y All Bran, tener que cargar las bolsas hasta el auto y acomodarlas en la cajuela. Lo peor fue el regreso, sentado junto a Katia en la parte trasera del vehículo, luchando a muerte por unas papas fritas de McDonald's hasta que su madre los puso en paz.
-Quiero escuchar esta canción- dijo katia, -pon el disco, mami- Su madre tomó el disco y
introdujo en el autoestéreo.
-Quita eso, es basura- gritó Miguel cuando escuchó a las chicas de Jeans. Se quitó el cinturón de
seguridad y pasando entre los asientos quitó el disco.
-Deja eso en su lugar, Miguel- dijo su madre.
-Pero cómo puedes escuchar esto mamá, apesta-
Katia intentó quitarse el cinturón gritando y golpeando sobre el asiento, pidiendole ayuda a su madre.
-Miguel, pon ese disco en el estéreo y vuelve a tu lugar-
-No, ahora me toca a mi escuchar un disco. Cállate, o tiro tu disco por la ventana-, dijo dirigiendose hacia su hermana.
-Sólo atrévete, cara de insecto- le gritó.
-¡Con un demonio katia deja de decir groserías! Y tu, pon ese disco y dejala en paz...-
Cuando terminó de hablar la madre de Miguel, tuvo que meter el freno hasta el fondo y girar el volante del auto para evitar impactarse contra un camión de refrescos. Estuvieron a punto de chocar. Ella volteó con la cara llena de nervios y coraje, y dirigiendose hacia Miguel le gritó: -¡Por qué carajos no puedes ir en paz! ¿Siempre tienes que pelear con Katia para estar feliz? ¿Siempre tienes que ser tú el problema? Quiero que pongas ese maldito disco, que regreses a tu lugar y que te comportes por una vez en tu vida, ¿Está claro?
Miguel obedeció sin decir absolutamente nada, este vez el regaño de su madre le había dolido mucho. Hubiera preferido un golpe tal vez, o que lo hubiera ignorado. Ella le había dicho cosas muy feas enteriormente, incluso lo golpeó; pero nunca lo había llamado "Problema". Es cierto que él empezó, y que peleó con su hermana, pero Miguel no era el problema.
Cuando llegaron a su casa su madre le pidió ayuda cun las bolsas. Sin siquiera abrir la boca hizo lo que su madre quería. Al terminar subió directamente a su recámara, ella intentó pedirle una disculpa por lo que pasó pero, Miguel no la escuchó.
Estaba solo en su cuarto, triste y con un poco de rencor hacia Katia; ella también participó en el problema y no recibió regaño alguno por eso. Ahora la única solución a su encierro era su padre.
Había prometido ir por él ese día para que salieran juntos a dar una vuelta y a comer pero como era su costumbre, lo abandonó. Todos los planes que según su padre iban a llevar a cabo solo se quedaron en el aire. Por un momento Miguel creyó que si iría con su padre, pero estaba equivocado, pensaba que ahora estaba con su hijo de dos años y su nueva esposa en algún parque de la ciudad comiendo un helado y tomando el sol. ¿Y si le llamaba? No, tal vez su padre diría que está muy ocupado y que este sábado no podrá visitarlo.
Encerrado en su cuarto y oyendo música por más de tres horas, Miguel comenzaba a desesperarse y a molestarse. Alguien tocó a su puerta. Era Katia:
-Dice mamá que la comida ya está lista, escarabajo- señaló su hermana en un tono de burla.
Escarabajo, cómo se atrevía a llamarlo así. En cuanto tuviera oportunidad le diría una docena de apodos y unas cuantas groserías, además de unos cuantos golpes y pellizcos.
Katia dejó de tocar y bajó las escaleras. Por fin podría volver a escuchar a Blink y disfrutar de su solitaria vida dentro de cuatro paredes repletas de posters y fotografías.
Unos minutos más tarde volvieron a llamar a la puerta.
-Que-no-voy-a-comer, Gracias-, gritó desde su cama.
De nuevo llamaron.
Enfurecido y listo para su venganza en contra de Katia corrió hacia la puerta y la abrió de un golpe.
-¡Ya te dij...!- Era su madre.
El silencio se hizo pr unos segundos, después su madre, dandole a Miguel el teléfono inalámbrico dijo:
-Te llaman por teléfono-
-¿Es papá?-Mmm, creo que es alguien más-
-¿Quién? Sabes que nadie nunca me llama por teléfono-
Miguel tomó el teléfono, y un poco nervioso contestó:
-¿hola?-
-ejem, este, Hola Miguel, soy Diana, tu compañera de salón, ¿Te acuerdas de mi verdad?-
-¿Diana, qué Diana? Oh si, lo recuerdo, que gusto saludarte, gracias por llamar-
-No lo agradezcas, no es por compromiso, solo quería saludarte y saber cómo estas-
-Pues... bien, ahora me siento muy bien, nadie me había llamado desde hace ya mucho tiempo, ¿cómo conseguiste mi número?-
-Ya ves, le pedí a la maestra que me lo diera, le dije que era algo urgente. Este... Miguel-
-Si dime, te escucho-
-Me preguntaba qué ibas a hacer mañana en la tarde-
-Lo mismo de todos los días, absolutamente nada, encerrado en mi cuarto escuchando música y pensando en miles de cosas sin sentido, ¿por qué preguntas?-
-Pues, para ver si quieres acompañarme a ver una película-, le dijo Diana un poco a prisa.
-Me encantaría. Rayos me siento un poco incomodo, por dos cosas-
-¿Cuáles?-
-Primero, nunca he salido con nadie aparte de mi padre o de ir al súper con mi mamá y mi hermana; y segundo, se me hace un poco raro que una chica invite a un chico a salir, ¿no te parece?-
-Pues un poco, pero no te preocupes, lo importante es que aceptaste salir conmigo y que nos la vamos a pasar muy bien mañana-
-Si creo que si, este, bueno me tengo que ir, me llaman para comer y tengo que hacer otras cosas, te veo mañana ¿esta bien?-
-Si, me parece bien, nos vemos frente al parque, en la tienda de música-
-Ahí estaré, gracias por llamar. Adiós-
-Adiós, bye-
Cuando Miguel colgó, sintió de nuevo esa emoción tan ardiente dentro de sí, puede que era su primera cita, o que simplemente le atratía un poco esa chica. Bajó las escaleras hasta la cocina, donde se encontraban Katia y su mamá, abrazó a su madre y sin pensarlo le dió un beso a Katia en la mejilla, después reaccionó y se limpió la lengua con un trapo. Por fin vió a su madre sonreír y a Katia correr al baño a limpiarse la mejilla. Estaba feliz. Hizo las pases con su mamá y le pidió permiso para salir mañana con aquella chica que le había llamado, disfrutó mucho de su ahora estupéndo sábado, como no lo había hecho en mucho tiempo.

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