viernes, agosto 31, 2007

No hay nada que festejar...

Hoy, como hace tres años, mi mente y mi ser no pueden decir otra cosa: Ya no quiero seguir viviendo. Me parece que la prueba es mucha, y muy pesada; cada año es una más fuerte que la anterior, ¿es bueno? no lo se, ¿es malo? no podría asegurarlo; el problema es que en lugar de acercarme más a la meta, creo que estoy separándome del objetivo y tomando otros caminos difíciles de seguir: trabas en mi andar que no puedo dejar, rencores y orgullo que me aprietan el pecho, heridas más profundas que las de una arma de fuego, enormes ganas de llorar y no poder hacerlo, responsabilidad y dudas que yo mismo me formé.


Un día, platicando con Dios yo le dije: ¿sabes qué? ya no puedo; no puedo con la responsabilidad de estudiar y terminar mi carrera para sostener a mi familia; no puedo con los problemas en casa, con la enfermedad de mi padre que cada vez es más grave, con ver a mi madre cansada de cuidarlo, pero firme y fiel a él, ayudándolo y atendiéndolo en todo; estoy cansado de estar solo, de que cada vez que entrego el corazón salgo lastimado y burlado; estoy cansado de querer seguir los pasos de mi maestro y que las pruebas sean muchas, que el desánimo y la conformidad sean más fuertes que el deseo de trabajar con mi instructor, quien pone mucho más interés en mi que yo mismo... Entonces Él me contestó: ¿qué quieres?, pideme lo que tu corazón desea. Comence a decirle que queria hacerme cargo de los negocios de mi padre, para que él descansara y pudiera sanar de su enfermedad, que mi madre ya no estuviera cansada y poder servirle yo a ella, que mis hermanas vivieran bien y sin problemas bajo un techo donde lo más importante sea el temor a Dios, que mis amigos tuvieran salud y amor, y lo más importante, queria ser un hombre íntegro y justo. Pero necesitaba un trabajo, necesitaba apoyo y MADUREZ para poder con este reto.


Al día siguiente, sin yo hacer nada, me hablaron de un trabajo cerca de mi casa (del cual no pienso irme), tengo un Jefe excelente a quien si lo yo necesito me va a dar el apoyo que requiero; con un ambiente inmejorable y con una muy buena comunidad de empresas; ya no sentía en mi pecho eso que me apretaba y que hacia que el corazón me doliera; mi madre se veía descansada y muy feliz... pero también me dijo Dios que, en la vida todo tiene un precio y una responsabilidad. Mi padre ha ido empeorando en su enfermedad, ya no puede trabajar y prácticamente hay que cuidar de él Día y noche, los problemas con la familia se hacen más grandes (gracias a Dios que sigo unido a mis hermanas), la pelea por lo material esta en su punto, la escuela cada vez me pesa más, y me esfuerzo por mantenerme dentro. Mucha responsabilidad y poco interés en un período de tiempo muy corto me hicieron perder el control. Ya no sé quién soy. Ya no sé qué quiero. Y ya no sé hacia donde voy.


A todo esto, hoy es mi cumpleaños, y le agradezco a Dios por permitirme vivirlo con lo único que tengo: mi familia... y mi otra familia, por su bendición y por cuidar de los míos. Pero dudo mucho, que haya hoy algo que festejar...