lunes, marzo 13, 2006

Lo que tengo en el corazón...

Hoy, tuve ganas de llorar. Tuve ganas de sacar todos estos recuerdos y malestares que me ocasionana problemas en el corazón, para ya no pensar en que las personas a las que consideraba 'mis amigos' se han alejado de mi y yo de ellos, tengo ganas de olvidarme que mi amigo de toda la vida es ahora novio de la que fuera mi novia, de eso no sé si debiera quejarme, pues bien dice el dicho: "El mejor amigo y la novia nunca se entienden, y si se entienden, se entienden de más". Hoy tuve ganas de no recordar a Sarai, de olvidar su recuerdo y dejarla vivir en paz con su familia, con su esposo y con su nueva forma de vivir que, si bien no le falta nada, creo que mi corazón aún la sigue buscando. Hoy tuve la necesidad de escribirle a Carmen, de decirle que lo que hubo entre nosotros, fue lo mejor que me haya pasado con nadie, que ese único beso entrecortado que me regaló antes de despedirse, aún se siente en mis labios; que sus cartas aunque muy simples e infantiles, las guardo con mucho celo en lo más profundo de mis recuerdos. Hoy tuve ganas de hablar con Aarón, con Andrés, con Kcho y con Agustín y decirles que si bien no son muchos, son el mejor regalo que El señor del Cielo puso aquí para levantarme cada vez que me tire al suelo. Hoy tuve ganas de decirme que ya no me conozco, y que ni siquiera sé como me llamo, ni quien soy, que cada vez veo menos el nombre de Salatiel escrito en ese Libro de la Vida, Hoy, tuve ganas de acercarme a Isaac y pedirle perdón por haberle hecho una mala jugada con Sarai, decirle que no hay noche que no sueñe que debo pedirle perdón y que de nuevo todo es como antes; pero también decirle que lo hice porque estaba harto de que me tratara como una persona inferior y como un niño al que podía mover a su antojo como a muchos otros, que No me arrepiento de haber probado esos besos que de solo imaginar, se me enchina la piel, de aquellos que son los mejores que he probado, y que, además de todo, no soy el único culpable de esto, Ella fue la que comenzó este juego en secreto, que para que pasaran las cosas, hicieron falta DOS personas: Sarai y yo. Hoy tuve ganas de decirle a todo el mundo que estoy harto de que me vean y me critíquen por lo que soy o no soy, que cada vez que salgo a la calle espero no volver a ver su cara. Hoy tuve ganas de decirle a mis mejores amigas que no tengo mejor tesoro que estas preciosas joyas llamadas: Adriana, Berenice, Thalía, Jimena, Iraís y Raquel. Hoy tuve ganas de olvidarme de las tonterías de creer que soy un caballero y que mi pueblo me necesita, de olvidarme que El Señor del Cielo me ha pedido algo que tengo que cumplir, de decirle a todos esos "Creyentes Inconversos" que dejen de juzgar mi caminar, y que quiten la viga que tienen entre sus ojos. Hoy tuve la enorme necesidad de decirle a mis padres que los amo, y que no me avergüenzo ni me arrepiento de haberlos tenido a mi lado, que estoy eternamente agradecido con Dios por haberme Bendecido con ellos; De decirle a mis hermanas que si bien unas son tesoros, ellas son mi aliento de vida, lo que me impulsa cada día para salir con la frente en alto. Hoy tuve la enorme necesidad de decir que sigo extrañando a Fernanda, a esa mi verdadera hermana que al año y medio de vida, se despidió de la mia y la de mi familia para irse de este mundo, que hubiera sido el hermano perfecto para ella, que la habría querido mucho y cuidado más que a nada, que todavía, a casi séis años de su funeral, cada vez que hablan de su recuerdo, me aparto de esa conversación porque aún no entiendo el motivo de su muerte; que cada que veo su foto me culpo por dejarla morir y por cuestionar la volundad de Dios. Pero lo más importante, es que hoy tuve ganas, de alzar la vista hacia el cielo, y decirle al que vive allí: ¡Aquí estoy, Señor!, fíjate en mi, envíame a mí, perdóna mis ofensas, y no te fijes en mis errores, ayúdame a vencer mis debilidades, y pon en mi corazón tu Espíritu una vez más. Hoy, ya no espero sacar todo esto de mi pecho porque lo voy a dejar ahí dentro, consumiendome poco a poco, no voy a derramar ni una sola lágrima por personas que no las merecen, ni por aquellas que sí las merecen y que se las han ganado a pulso, simplemente, voy a decir cada día al levantarme: ¡No me importa morir peleando, si con ello pude cambiar aunque sea un poco el mundo en el que viven los que amo...!
Salatiel