
Sin más nada que esperar en la vida, Miguel sigue ahí sentado en su banca del salón de cálculo esperando a que termine su día, y quizá a que termine su vida. Ya nada le importa. El profesor dice algo, escribe unos números en el pizarrón, que según dice se convierten en la solución. No hay solución piensa Miguel, la única salida es dejar de existir, o aún mejor, no haber nacido, qué me importan los números si solo pienso en escapar de aquí. Suena la campana de la escuela, Miguel esta listo para salir, guarda sus cosas y toma su mochila, nadie nota que está allí, sentado en una banca del rincón derecho, saben que existe porque él es quien hace las tareas. Al encaminarse hacia la puerta, con la mirada baja y su autoestima más abajo que el mismo infierno; una chica de cabello largo y castaño se le acerca:-Hasta mañana, Miguel-le dice. Miguel sigue caminando, pensando en miles de cosas, y en cuánto tiempo más podría soportar vivir. Llega hasta la puerta de la escuela, y un Ford Mondeo negro lo espera impaciente –Tenía que venir por mi- piensa Miguel. Al llegar al auto, un hombre ya un poco maduro vestido con un traje de tres piezas le abre la puerta. Miguel toma su asiento y pone la mochila sobre sus piernas. –Me da gusto verte, hijo- dice el hombre en un tono de compromiso-, ¿cómo te va en la escuela? Miguel no contesta nada, pareciera como si su alma lo hubiera abandonado. -¿Vas a hacer algo el sábado?- insiste su padre- Porque quisiera que fuéramos al cine…
Otra vez no hubo respuesta por parte del muchacho. Se queda pensando en aquella chica de su clase que lo saludó. ¿Quién será? ¿Por qué lo había saludado? Tal vez necesitaba algo, o solo lo hizo por cortesía, tendría que saberlo, porque a la mejor su saludo fue sincero y el se había portado groseramente con ella. Debía enmendar su error y ofrecerle una disculpa. ¿Qué dice su padre? Sigue hablando y diciendo una sarta de tonterías para hacer el sábado, como si quisiera ir con el ¿Cuántos sábados habían quedado en salir, y su padre nunca había llegado? Esta vez sería lo mismo, una junta urgente con su jefe y no podrá salir hasta muy tarde. Miguel sabía que no venía porque su ahora esposa no le permitía ver a sus hijos. Desde que su papá se fue de la casa, Miguel no había salido con nadie, y no lo haría en mucho tiempo, o al menos eso pensaba. - …y después pasaremos a comer algo cerca de ahí, ¿Qué te parece?- terminó de decir el hombre.
Miguel lo miró a la cara y abrió la boca más a fuerza que de ganas:- Está bien papá, nos vemos el sábado-. Bajó del auto y se dirigió hacia su hogar. Por fin había terminado su jueves. Su mamá no llegaba sino hasta las 10:00 de la noche, por lo que estaba solo hasta ese tiempo. No hay nada de comer, y no hay nada tampoco en el refrigerador, su madre y él irán de compras hasta el sábado. Casi nunca tenía tarea, su vida no era muy activa. Subió a su cuarto y puso un disco de blink 182 solo para pasar el rato. Tendido en su cama, pensó de nuevo en la chica de su clase, creía saber quien era, pero no recordaba su nombre, llegó a la conclusión de que la chica del cabello largo y castaño se llamaba Diana, se sienta al otro extremo del salón, y a Miguel le gustaba su voz, entre otras cosas. Y ahora recordaba por qué lo había saludado, días antes algún bromista tonto de su clase puso en Internet un mensaje “supuestamente” de él, diciendo que estaba enamorado de Diana y que simplemente no podía vivir sin ella; el siguiente día llegó a su salón y todos se burlaron de él, ella solo lo miró y con una sonrisa un poco hipócrita que le decía: “ahora sé que te gusto”. Miguel trató de evitarlos todo el día, pero la burla duró toda la semana. Claro que sí, era por eso, quizá ella quería seguir la broma y burlarse nuevamente. Solo que, esta vez, nadie lo miraba, por lo que pensó en aclarar su duda.
Pasadas las 10 de la noche, Miguel quedó en un profundo sueño, esperando un nuevo día al cual enfrentarse. Su reproductor de CD estaba encendido, repitiendo una y otra vez el disco de Blink 182.
Como era su costumbre, llegaba a la escuela poco antes que todos para evitar tener que saludarlos, y así quitarse de ese compromiso. Eran las 6:45 del viernes, y estaba sólo en el salón de Informática, así que podía escribir un poco y escuchar su disco de Blink una vez más. De pronto, ella entró calmadamente y se disponía a ir a su lugar, pero dudó un poco, al fin decidió ir a sentarse. Miguel, a penas de reojo alcanzó a verla, y pensó que era buen momento para preguntarle. – Diana-, dijo un poco tembloroso
–Si dime- ella volteó como esperando ese momento.
–Pues… solo quería disculparme por no regresarte el saludo ayer, iba un poco distraído y no puse mucha atención-
-Oh no te preocupes, está bien, solo quería, pues, este, saludarte-
-Pues… puedes hacerlo cuando quieras, prometo no volver a ser grosero contigo- le dijo, ahora más nervioso, -claro, solo si quieres, nadie está obligado a saludarme, bueno, no es que quiera que no me saludes y que no seas mi amiga porque pues, casi no tengo amigos y…-
-claro, podemos ser amigos- le dijo ella un tanto emocionada por la idea –me encantaría, tener a alguien como tu de amigo, y tal vez después de un tiempo… bueno olvídalo, está bien, me da gusto ser tu amiga-
-Sí, claro. Este bueno pues, adiós, voy a mi lugar, a tomar mi asiento, ya, ya casi empieza la clase y pues… tenemos que estudiar, te veo luego-
-esta bien, adiós-
Miguel sentía algo en el estómago, y su corazón parecía explotar. No sabía que era lo que sentía, tal vez nunca lo había experimentado, pero esa sensación era genial. Saber que tienes a alguien que te aprecia por lo que eres, que te quiere y se interesa en ti, eso, para Miguel, era un buen comienzo para cambiar su vida, y par tratar de vivir, no de sobrevivir. Aquella chica le había devuelto la alegría de vivir, insinuando que podrían llegar a ser algo más que solo amigos. Ahora, no importaba si su padre no estaba con él, o si nunca iba a sus citas. Tampoco le importaba que nadie notara su presencia en ningún lado, nada se comparaba con aquellos escasos 3 minutos de charla. La vida, para Miguel, había cambiado con la dulce voz de una chica de cabello largo y castaño.